jueves, 14 de febrero de 2019

La memoria y sus recuerdos falsos


¿A quién no le ha pasado alguna vez en una reunión de amigos o familiar que quiere contar un historia pasada y llega el graciosillo o graciosilla de turno que te dice que es mentira? Quizás a tí no, pero seguro que a alguien sí.
Siempre, después del comentario típico de “esto te lo estás inventando” suele venir una larga discusión para ver quien tiene razón, y preparate porque puede que salgas perdiendo.
Para entender esto, primero hay que aclarar cómo recordamos y influyen varios aspectos. Por ejemplo, recordamos mejor lo primero y lo último, los sucesos emocionales y, lo que nos importa a nosotros, recordamos llenando huecos en nuestra memoria. Esto supone que sí, ese recuerdo/historia que querías contar puede ser falsa.
Esto no significa que no podamos fiarnos de nuestra memoria, ya que si nadie se fiase de esta, nos estaríamos cuestionando cosas tan básicos como el lugar de vivienda, nuestro número de teléfono o algo tan básico como… ¿quién somos?
Por ello sí, uno se puede fiar de su memoria. A esto hay que sumar un pequeño apunte y es que no todo lo que recordamos es falso. Una cosa sí es seguro, si alguien te cuenta un recuerdo de su infancia anterior a los dos años es falso, pues no podemos recordarlos.
Pero insisto, esto no significa que nuestra mente esté repleta de conocimientos falsos, sino que tenemos recuerdos verdaderos, la mayoría de ellos. Un ejemplo de esto es que sabes hablar tu idioma, recuerdas rutas que haces habitualmente, te acuerdas de cómo se juega a tu juego favorito...

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